31 de diciembre de 2018

Jane Eyre por Charlotte Brontë

Título: Jane Eyre
Autor: Charlotte Brontë
Editorial: Alianza Editorial
Nº Pág.: 656 pág.
Género: Drama, Romance, Novela clásica
Fecha de publicación original: 1847
Primera edición: 26 octubre 2017

Dueña de un singular temperamento desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, Jane Eyre logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor irá tejiendo su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio.

“La suerte ha reservado un rinconcito para usted. De usted depende coger con la mano la fortuna que le ofrecen. Que lo haga o no, es discutible.”   
 
Como ya escribí al principio de este mes me apuntaba al Reto de Novela Clásica y concretamente tenía la intención de leer Jane Eyre. Es un libro que ha estado rodando por casa muchos años, un libro que mi madre compró aún cuando estaba en la universidad de modo que ya casi no se leían las letras de lo ajado que estaba. Así que por el motivo del bicentenario le compré por Navidad pasada la preciosa edición de Alianza Editorial y con los meses me la he hecho mía también. Ya no había excusa. Lo único que me tiraba para atrás era que mi madre me ha dicho siempre que es una historia triste pero ¡ay, que equivocada estaba!

Lo cierto es que siempre he conocido el argumento de Jane Eyre y también el final.  He visto películas y miniseries que se iban poniendo en casa (la serie de la BBC es preciosa y, según tengo entendido, muy fiel), siempre de reojo, siempre con la idea de leer la novela. Y mi mayor miedo al empezar Jane Eyre era que no me gustase, por no sorprenderme, por ser farragosa, por no ser original, por ser eso que llaman "Un Clásico". Pues debo decir que estaba muy equivocada porque Charlotte Brontë acaba de posicionarse a la altura de Jane Austen, y eso es decir mucho.

“¿Para qué evocar el pasado cuando el presente es mucho más seguro y el porvenir mucho más luminoso?”

Se trata de una historia de una muchacha, Jane Eyre, hija de un clérigo y su madre, huérfana a muy temprana edad. A la muerte de sus padres fue recogida por la familia de un tío suyo y, a la muerte de éste, acabó a los cuidados de su mujer, la Sra. Reed. Tal como así Jane Eyre nunca fue querida por su tía, ni por sus primos y a los diez años fue enviada a un internado, Lowood, donde las condiciones sanitarias eran muy difíciles. Ahí, nuestra protagonista consiguió formarse y encontrar cierta paz y amor hasta convertirse en profesora de dicha institución.

La novela está estructurada en tres partes y la primera de ellas es la que nos narra estos acontecimientos. Lo cierto es que sobre ese lapso de vida de Jane Eyre yo era completamente ignorante por lo que ha sido una agradable sorpresa. Además aparecen algunos personajes que se me han quedado clavados en la retina, como Helen, una niña adorable aunque con un destino trágico, o la Srta. Temple, esa profesor/a que todos hemos tenido de pequeños y que ha sido nuestra maestra preferida. Ya en esta época nos damos cuenta de que el carácter de Jane es particular para su tiempo. No es una niña sumisa, aunque lo pueda ser durante ciertos periodos de tiempo. No es inteligente a priori pero su fin es esforzarse para ser su mejor versión y destacar en todo lo posible.

“Hasta en una vida tan triste como la mía no faltaba alguna vez un rayo de sol.”

La segunda parte de la novela es donde ya se fragua la historia de Jane Eyre de adulta. Lo cierto es que nuestra protagonista madura mucho y ver en la mujer que se ha convertido es delicioso. Jane nos da lecciones de madurez, moralidad y principios. Es el momento en que decide abandonar Lowood y buscarse otro trabajo como institutriz, acabando así en la mansión Thornfield, propiedad de Edward Fairfax Rochester, un taciturno, seco, no muy agraciado y arisco caballero. Aquí es donde comienza la historia de Jane como yo la conocía y pese a que pensé que no me sorprendería ha sido muy agradable leerla y comprender que toda esta novela va más allá de su misma historia.

Charlotte Brontë crea una de las primeras protagonistas mujeres feministas, lo que es muy extraño y admirable para la época. Jane puede parecer sumisa en algunos momentos pero cuando es realmente importante mantiene su carácter y su punto de vista. No se amilana y sigue el dictado de su razón. Al mismo tiempo la autora critica la sociedad de la época, el fanatismo religioso, el maltrato a los niños huérfanos. También se hace hincapié en la inteligencia y la predisposición de las personas, dando a entender que los granjeros, los campesinos, etc. son personas inferiores en ese sentido pero a las pocas páginas rectificando, mostrando el error al creer algo así. De modo que la lucha de clases en cierto sentido también se encuentra presente.

"Por lo general, se supone que las mujeres son muy tranquilas, pero la verdad es que sienten exactamente lo mismo que los hombres. Necesitan ejercitar sus facultades y el mismo margen de maniobra que sus hermanos varones, padecen cuando se las constriñe y se las inmoviliza como les sucede a los hombres (…) el sexo masculino demuestran una gran estrechez mental cuando declaran que las mujeres deberían limitarse a preparar pudines y hacer calceta, tocar el piano y bordar mantelerías".

Jane Eyre es una historia escrita con exquisitez, con un lenguaje sencillo y agradable. No sé cómo definir el estilo de la autora para que quede patente que me he divertido leyendo esta novela. La forma de narrar, de presentar los hechos, de concatenar los acontecimientos me ha parecido muy acertada. Incluso cuando la historia era triste era muy ameno seguir las palabras, pasar las páginas. Sin casi darme cuenta ya había leído la mitad de la novela y no me cansé, no quise dejarlo. Además, puesto que el narrador es la propia Jane Eyre, narrando en retrospectiva su vida, muchas veces se refiere a su interlocutor como "el lector" y me he sentido casi incluida en la novela, una sensación de proximidad y complicidad.

"Yo no soy un ángel, señor -aseguré-. Y no llegaré a serlo hasta que me muera. Soy solo yo... No busque en mí nada celestial, porque no lo hay; Como tampoco lo hay en usted, ni yo lo espero".
 
Después de la segunda parte, también hay una tercera y última. Poca cosa voy a escribir al respecto porque si hay por ahí un afortunado que no sepa del argumento de Jane Eyre podrá descubrir el final de la historia de amor entre Jane y Edward. Pero debo mencionar que es la parte donde sale la verdadera fortaleza de nuestra protagonista, donde muestra su capacidad de domar los sentimientos en favor de hacer lo correcto. Aun conociendo el final me he angustiado en algunas partes con el destino de Jane. Sobre todo me ha "enfadado" St. John, un clérigo local, que pretende imponer a toda costa su voluntad a Jane. Pretende, con la excusa del servicio a Dios, justificar por todos los medios sus actos, cuando creo que en realidad es un ser bastante egoísta y nada empático.
 
Después de esta lectura puedo entender porque este libro causó y sigue causando tanta fascinación entre el público. A mí me ha embaucado enormemente, tanto que seguro habrá una relectura, porque Jane Eyre es mucho más que una historia de una mujer que ama un hombre. Creo que a veces tenemos miedo a animarnos con eso que se llaman Clásicos. Este año me propuse perderles el miedo y con Jane Eyre ya van nueve y, aunque no es una gran cifra, estoy muy orgullosa de ello. Los ha habido mejores que otros pero esta novela me ha reafirmado en que un clásico no es una pared inescalable. Muchas veces son todo lo contrario pues por algo muchas generaciones los han tenido entre manos. Jane Eyre ha resultado ser una lectura ágil, fácil de leer, con una historia que engancha, que pese a ser una historia de amor tiene muchos más ingredientes: tiene drama, tiene su punto de misterio y un aire gótico muy patente.

"¿Crees que porque soy pobre, poco conocida, poco atractiva y pequeña, no tengo alma y no tengo corazón? ¡Piensas mal! ¡Tengo tanta alma como tú y llena de puro corazón!"

Lo cierto es que es una delicia acabar el año con una lectura de diez. De hecho han sido dos lecturas muy buenas pero sobre la segunda ya os contaré más el año que viene. Leed Jane Eyre y no os arrepentiréis. Mirad la serie de la BBC que es una obra de arte también.

"La vida me parece demasiado corta para perderla alimentando animosidad o recordando los errores de los otros. Todos cargamos con nuestras faltas en este mundo, pero llegará el día en que nos libraremos de ese peso".
 

 
Por Nitha

28 de diciembre de 2018

El cuento de la criada por Margaret Atwood

Título: El cuento de la criada
Autor: Margaret Atwood
Editorial: Salamandra
Nº Pág.: 416 pág.
Género: Ciencia ficción, Distopía
Fecha de publicación original: 1985
Primera edición: 2017


Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo. 


Llevo posponiendo esta reseña meses y sinceramente no se por qué. Quizás porque ha sido una de las novelas más leídas y reseñadas de los últimos años (cosas que pasan cuando sale la serie), quizás porque poco puedo aportar a lo ya dicho, quizás porque le autora y su carrera imponen. Pero el caso es que Margaret Atwood siempre ha sido una escritora que me ha atraído, sobre todo por ser como Joyce Carol Oates, una institución en sí misma. Por fin me he estrenado con ella y he decidido hacerlo con el "bestseller" de los días de hoy.

Antes de comenzar la reseña debo confesar que previo a la lectura me tragué toda la serie y eso me ha condicionado bastante. A mí sí me ha gustado la versión filmográfica y la interpretación y el físico de los actores me los hice míos cuando leí el libro. No sé si fue un acierto, aunque yo así lo creo. Y voy a intentar explicarme.

Pero antes, para aquellos pocos que aún no han leído la novela, decirles que se trata de una historia que se basa en un futuro de tintes distópicos. En EEUU ha habido una revolución de un grupo de personas con un credo muy definido que han conseguido imponerse a base de atentar contra la autoridad, matar a dirigentes políticos e inmiscuirse en todas las instituciones. Se ha instaurado un nuevo orden, una dictadura de tintes religiosos, basada en una interpretación totalmente alterada de la Biblia. Estamos, pues, en una sociedad que mezcla política y religión y tiene como uno de sus fines primordiales, aunque no declarados, someter a las mujeres, la natalidad y cualquier tipo de libertad sexual, entre otras muchas cosas.

"(...) en Gilead hubo muy pocas ideas verdaderamente originales: su genialidad consistió en la síntesis".

Gilead, que es como se denomina este territorio, es la República donde vive Defred. Ella es una criada, una mujer que está destinada a procrear, más concretamente a ser violada mensualmente por el Comandante, el señor de la casa y con la participación de su esposa. Defred antes era una mujer libre, tenía familia y era una profesional en su campo de trabajo. El no someterse a las normas de la nueva República la ha condenado a ese nuevo destino, disfrazado por los credos de Gilead, como un fin superior y loable.

Durante las páginas de este libro se nos narra el día a día de Defred, sus pocas interacciones sociales con los habitantes de la mansión, las marthas (mujeres que se encargan de la cocina, limpieza y administración de la casa), la mujer del Comandante y las demás criadas. No se le permite casi estar a solas, siempre está vigilada, siempre va acompañada, incluso el ir a la compra es una tarea de parejas, de dos criadas que se vigilan entre sí. Gilead es como en 1984 de George Orwell, el estado totalitario que todo lo ve, todo lo sabe y del cual no se puede escapar más que en los propios pensamientos e incluso entonces se hace complicado.

"Gilead, decía Tía Lydia, no tiene fronteras. Gilead está dentro de ti".

Lo cierto es que si uno lee el libro sin ninguna referencia puede parecer un relato un poco caótico, pues todo lo vemos a través de los ojos y pensamientos de Defred. Nos metemos literalmente en su cerebro y escuchamos sus pensamientos. El tiempo transcurre según sus tareas y los demás personajes que aparecen los vemos a través de sus ojos. Estamos pues ante un narrador protagonista que nos impide conocer los pensamientos y motivaciones de los demás más allá de lo que dicen o declaran. Y como en Gilead hay que tener mucho cuidado con lo que se expresa sólo podemos interpretar en muchos puntos las intenciones de la gente.

Escribía más arriba que el relato, casi a modo de diario, nos puede parecer caótico puesto que la vida diaria de Defred se mezcla con recuerdos de una época pasada, de su marido, de su hija. A mí esto me pareció original y refrescante. Se introducen personajes nuevos y de mucho calado, como Moira, la mejor amiga de Defred en la vida pasada. Una mujer lesbiana, desinhibida y libre, fuerte y resiliente que sufrió destierro des del primer momento por su orientación sexual y condenada también a ser una criada. También hay recuerdos del principio de Gilead. Se intercalan personajes detestables como Tía Lydia, jefa de las guardianas de las criadas, introduciendo la realidad distópica de mujeres sometiendo a mujeres, por su bien, por el bien de todos. Y por supuesto no puedo dejar de mencionar al Comandante: cuánta hipocresía en una sola persona. Él es la reencarnación del sarcasmo de Gilead, un ferviente creyente que rompe las mismas reglas que impone. Me ha gustado mucho la reacción que se establece entre él y Defred, una aceptación mutua impuesta por la necesidad, una obra de teatro donde ambos personajes interpretan su papel, a sabiendas de que finjen en todo momento pero queriendo creer que es real.

"Debería odiar a este hombre. Sé que debería, pero no es lo que siento. Lo que siento es más complicado. No sé cómo llamarlo. No es amor".

Hay más actores en esta obra. Destacaría el papel del chófer del Comandante, Nick. Este es uno de los hombres menos definidos. Aquí es donde el haber visto la serie me ha influido más. Si uno lee la novela Nick puede parecer un aséptico, un oportunista, un hombre frío y calculador. Pero en la serie se le muestra de forma diferente: un hombre que estuvo en un determinado momento en un lugar que le ha llevado a su destino actual. Es una especie de víctima de la situación y la asume. En la serie se le da calado psicológico y esa personalidad yo he trasladado sin querer al libro, llenando los vacíos donde los he encontrado. También la serie me ha influido al conocer a Deglen, otra criada, compañera de Defred. Su papel es clave para comprender la evolución de nuestra protagonista.

"Pero recuerda también que el perdón es un signo de poder. Implorarlo es un signo de poder, y negarlo o concederlo es un signo de poder, tal vez el más grande".

La verdad es que, pese a ser escrita en 1985, El cuento de la criada no puede ser más actual. Empezando por el terrorismo islamista, los desastres medioambientales, la pérdida de los derechos y las libertades, el fanatismo, y acabando con la desigualdad, la opresión y la condición de la mujer. La misma Margaret Atwood ha contado que la idea surgió en una charla con una amiga allá por 1981, cuando ambas discutían si es posible imaginarse vivir en un mundo de fundamentalismo religioso. Así que en realidad El cuento de la criada es un experimento, una historia que puede ser realidad si el credo se lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias. De hecho, esa es una parte que más me ha gustado: cuando la misma Defred no se deja de preguntar sobre cómo empezó todo, cómo no fue capaz de ver, de predecir que aquello iba a suceder. Algo muy perturbador y familiar en el mundo de hoy. Toda la novela esta plagada de esa intriga sostenida, como un cuento victoriano/gótico moderno.

He leído muchas reseñas de esta novela, buenas y malas, por lo que soy consciente de que es difícil convencer a todo el mundo sobre el valor de la obra de Atwood. No sé si os llama o no esta clase de historias, pero desde luego creo que se le debe la oportunidad. No sé si os gustará El cuento de la criada pero os aseguro que no deja indiferente a nadie. A mí me ha encantado. No dejaré de recomendarla y ya se la he regalado a Nynia para que no se le pase entre tanta novedad. Así que os invito a echarle un vistazo a este testimonio novelado.

"Tengo la intención de salir de aquí. Esto no puede durar toda la vida. (...) Cuando salga de aquí, si alguna vez soy capaz de dejar constancia de ello, de la manera que sea, incluso relatándoselo a alguien, también será una reconstrucción e incluso otra versión. Es imposible contar una cosa exactamente cómo ocurrió, (...)".


Por Nitha

23 de diciembre de 2018

Inmersión. Un sendero en la nive por Lidia Chukóvskaia

Título: Inmersión. Un sendero en la nieve
Autor: Lidia Chokóvskaia
Editorial: Errata Naturae
Nº Pág.: 200 pág.
Género: Novela Contemporánea, Novela Histórica
Fecha de publicación natural: 1967
Primera edición: noviembte 2017


Esta bella historia, de gran simplicidad pero hondo calado, fue calificada por George Steiner como un clásico de la literatura rusa. Un documento excepcional sobre la vida en la Rusia estalinista.
Estamos en febrero de 1949. Nina Sergeievna, escritora y traductora, es uno de los privilegiados a los que la Unión de Escritores ha concedido un mes de descanso en el campo, lejos de la oscura y ominosa capital, Moscú. Oficialmente, se supone que debe descansar o trabajar en sus traducciones, pero lo que hace, en realidad, es reflexionar sobre la desaparición de su marido durante las persecuciones estalinistas de 1938, para liberarse así, al menos en parte, de su propia pesadilla. En una casa de campo finlandesa, en mitad de bellísimos paisajes nevados, Nina se sumerge en su historia mientras convive con otros traductores, autores o cineastas, más vinculados al régimen que ella.
Una novela a medio camino entre Anton Chéjov y Vasili Grossmann. Un texto bellísimo, de gran sencillez pero hondo calado.


Lo prometido es deuda y hoy traigo esa segunda reseña a la que le tenía tantas ganas. La autora sigue siendo la misma pero la obra es un poco diferente. Quienes no hayáis leído la entrada anterior Sofía petrovna. Una ciudadana ejemplar es un libro que trata de la desaparición de los ciudadanos soviéticos durante la Primera Gran Purga. Tiene mucho que ver con Inmersión. Un sendero en la nieve. Ambas novelas se pueden leer como una bilogía, siendo Inmersión como una especie de continuación. Yo no las leí así, cayeron en mis manos al revés, con lo que no hay ningún problema de leerlas de forma que os plazca o sólo una de ellas.

Inmersión. Un sendero en la nieve se sitúa diez años después de la Gran Purga, a finales de los cuarenta. Esta vez nuestra protagonista es Nina Sergueievna, una escritora/traductora, miembro de la Asociación de Escritores (un verdadero alter ego de la autora). Esta mujer ha recibido un "premio" por su labor que consiste en pasar un mes lejos de su casa, en una casa de curas, una especie de vacaciones dedicadas a descansar, dar paseos, atención médica si se precisa, comer bien y sano, una especie de sanatorio. Así es como Nina Sergueievna deja a su hija en la capital a cargo de unos amigos y se encamina a un hotelito en tierras finlandesas, en pleno febrero, cubierto por la nieve y envuelta en un verdadero frío.

Durante su estancia Nina se dedica a realizar unas traducciones, dar largos paseos por el bosque ensimismada y recordando tiempos pasados. Conocerá a varias personas que también pasan su tiempo mensual en el mismo hotelito, interactuará con ellos, aunque no mucho, y establecerá algunos vínculos endebles con algunos como por ejemplo Bilibin, un escritor que fue encarcelado durante la primera Gran Purga y que le contará algunas de sus vivencias. Pero, en realidad, su labor más importante durante este mes es escribir lo que pretende ser una especie de memorias sobre su marido desaparecido.

"Si lograba llevar el cielo, la nieve y el aire a mi escritorio, la inmersión sería fácil, enseguida alcanzaría la claridad de visión adecuada".

Nina Sergueievna, al igual que la autora Lidia Chukóvskaia, perdió a su marido a finales de los años treinta a manos de las autoridades. Condenado a diez años sin derecho a correspondencia nuestra protagonista nada sabe de él aunque ya han pasado doce años. En sus ratos libros realiza lo que ella llama inmersiones, momentos en los que puede sumergirse en sus recuerdos, analizar su pasado para intentar comprender lo que se le escapa. Y sólo con la ayuda de Bilibin por fin puede llegar a comprender lo que le ha podido pasar a su marido, sólo entonces sabrá que "diez años sin derecho a correspondencia" equivale a "ejecutado" y sólo así puede dejar de imaginar destinos mucho más terribles para él. 
 
"Hoy había comprendido en qué consistía mi culpa. Lo comprendí mientras soñaba. Estaba viva. He aquí mi culpa. Yo vivía, seguía viviendo, cuando a él lo habían arrojado al agua a bastonazos. Él había regresado un instante para reprochármelo. Y eso era lo que había soñado".

Lo cierto es que Inmersión. Un sendero en la nieve es un libro muy distinto de Sofía Petrovna. Es mucho más introspectivo, menos novelado y en general podemos decir que pasan muchas menos cosas. La propia estructura es diferente pues está organizado a modo de diario durante treinta días entre los meses de febrero y marzo, y eso hace que la mayoría de los acontecimientos se narren en forma de recuerdos, bajo el prisma de la impresión personal de la protagonista. Es un libro que va de menos a más. Personalmente al principio me llegó a aburrir un poco porque no entendía a dónde quería ir a parar la autora, no sabía qué es lo que realmente me quería contar. Es a partir del momento en que Nina Sergueievna empieza a interactuar con Bilibin y se van contando las cosas de su vida cuando todo cobra sentido.

Así, mientras que Sofia Petrovna se narra con el fin de transmitir lo que ha pasado, en Inmersión no se pretende relatar nada, sino más bien autoanalizarse, autoconvencerse y autodescubrir cosas del pasado. Se pone en valor la experiencia, no sólo de Nina Sergeievna como una mujer que perdió a su marido sino también se le da voz a otros personajes secundarios que nos cuentan sus recuerdos: el hombre gordo que perdió a dos de sus hijos quemados por ser judíos pero que sigue siendo fiel al régimen porque tiene un hijo aún y quiere que esté a salvo; la mujer cuya hermana ha sido deportada por estar casada con un judío y que no se atreve a confesar la existencia misma de esa hermana para que no se la estereotipe; la chica que vive en una ciudad invadida durante la IIGM por los alemanes y que ha quedado marcada para el resto de su vida como alguien que no es digno de confianza aunque entonces sólo era una niña... Y otras historias, de todos los bandos.

"Al hombre gordo le quedaba un hijo. Y a mí, Katiusha. Había que vivir.
No, no sólo por Katiusha. También por aquellos amigos, aquellos hermanos futuros a los que les contaría todo".

La verdad es que me ha gustado Inmersión. Es cierto que al principio hubo un momento en que me costó un poco cogerle el hilo pero la prosa de Lidia Chukóvskaia es muy sencilla, lineal, con un vocabulario cotidiano, sin grandes frases rimbombantes que te hace la lectura amena y fácil. No hay unos giros espectaculares sino que es una narración a la vieja usanza. Ayuda también que los capítulos no son largos, no hay grandes y pesadas descripciones sino que se nos relata todo en su justa medida. Es una suerte de diálogo interno intercalado con alguna que otra interacción de sus vecinos de hotel. Si tuviera que recomendaros a esta autora os diría que empezarais con Sofia Petrovna y si os gusta (que estoy convencida que sí) siguierais con Inmersión. Ambos libros son un testimonio inapreciable de una persona coetánea a los hechos y que además los ha vivido en primera persona, y que nos explica que el fin de sus palabras es que las generaciones futuras sepan y conozcan el pasado.

"¿Para qué, pues, acometo esta inmersión?
Quiero encontrar a mis hermanos, si no ahora, por lo menos sí en un futuro.
Todo lo que vive necesita fraternidad, y yo también la busco. Escribo un libro para encontrar a mis hermanos, aunque sea en un porvenir desconocido".



Por Nitha