Melocotón Loco por Megan Maxwell


Año: 2014
Editorial: Planeta
Nº de páginas: 440 págs
Género: Narrativa romántica
Año 1º edición: 2014


Ana y Nekane regentan un estudio de fotografía en el casco antiguo de Madrid. Un día se declara un incendio en su edificio y, aunque están acostumbradas a trabajar con modelos de lo más glamurosos, no pueden dejar de sorprenderse ante aquellos valerosos «machomanes» vestidos de azul que no se preocupan porque su pelo se encrespe ni sus manos se ensucien. Cuando el objetivo de la cámara de Ana se centra en Rodrigo, su corazón le indica que ya nada volverá a ser igual. Él se da cuenta de la forma embobada en que lo está mirando y, a pesar de que no le gusta, inician una extraña amistad. Todo se complica cuando Ana descubre que está embarazada y Nekane la anima a que cumpla su fantasía sexual con el bombero antes de que la barriga, las estrías y los vómitos matinales se manifiesten y lo espanten. Pero una mentira de Ana a sus padres ocasionará un sinfín de enredos y situaciones alucinantes que a Rodrigo lo dejarán sin habla.



Este ha sido mi primer libro de Megan Maxwell que me he decidido a probar y lo cierto que me ha gustado. Las novelas románticas son una debilidad para mí y siempre me ha parecido un género muy divertido, singular donde los haya. Además, es de las pocas opciones que permite integrar dentro de una misma historia matices de triller, un poco de policíaco si te apetece, por supuesto, algo de drama y si le metes un poco de psicosis es genial.

Por lo que se refiere a Melocotón loco, al principio pensé que era un título cursi y al ver en la sinopsis que la chica estaba embarazada lo primero que me vino a la cabeza es esa película de Ice Age en la que a la hija de los mamuts le ponen Melocotón de nombre, cosa que quedó genial en la peli pero que aquí no me habría gustado nada.

Pero no.

Melocotón loco es un título que nada tiene que ver con el “gusarapo”, que es como Ana denomina al huevo que está gestando. ¡Y que conste que estoy usando el lenguaje del libro! No voy a decir qué significa el título pero lo que sí diré es que me encantó como surge la idea. Y mira que he leído cientos de novelas románticas pero es una idea original.

Por lo que se refiere a la trama poco puedo añadir a la sinopsis para no fastidiar la historia a nadie. En efecto es una historia entre Rodrigo y Ana y aunque al principio me desesperó él, por ser tan ligón, en seguida la tomé con Ana, por ser una orgullosa y luego volví a detestar a Rodrigo por ser un cabezota. Una montaña rusa de emociones es lo que ha sido este libro. Ha conseguido que yo quiera saber más y más y aunque sabía que el final sería feliz (eso es una de las ventajas de estas novelas y ¿qué le voy a hacer si soy una romántica?) me ha tenido en vilo por saber cómo reconciliar esos dos caracteres tan tozudos.

No mucho más le puedo añadir a la historia de Rodrigo y Eva sin fastidiarle a alguien la lectura, solo decir que el lenguaje fresco y divertido ha hecho la lectura muy pero que muy entretenida.

Y por Dios que no me puedo olvidar de Nekane y su Lamadrequeloparioooooo, que me han hecho sonreír desde el primer momento y de Calvin, el hombre con un nombre tan “interior” (¿a ver si me pilláis la gracias?). Los personajes secundarios son los que realmente le han la chispa de vitalidad a la novela y te permiten olvidarte de tu ofuscamiento con los personajes principales, a los que a veces me daba ganas de zarandear.

Pero lo que más me ha gustado de todo es ese poderío que se les da a las mujeres aquí. Es de las pocas veces en la que me he sentido orgullosa de la protagonista, dejando aparte su cabezonería con Rodrigo. Y aunque no estoy de acuerdo con ella respecto de ser tan liberal en cuanto a su “tordo” (tío bueno, usando el lenguaje navarro, según Nekane), me gusta que haya una autora que ha dejado que su protagonista se emborrache, ligue con chicos en la discoteca y se ría con sus amigas al despotricar sobre los atributos masculinos de otros representantes del sexo masculino que no sea exclusivamente el protagonista.

Ese es nuestro defecto chicas: aumentamos demasiado su ego. A veces hace falta una aproximación más sutil al asunto.

-   Escúchame- insistió él con menos convicción-, ambos tenemos casas con estupendas camas y habitaciones como para tener que hacer aquí en el coche lo que estamos pensando. 
-         Repito: ¡antiguo!- cuchicheó, como retándolo, cerca de su oído.
Excitado por lo que ella le proponía hacer, finalmente sonrió, y cuando Ana le volvió a llamar “antiguo”, echó su asiento para atrás y, dispuesto a aceptar el reto, dijo:
-         Tú ganas.
 



Por Nitha




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