13 de enero de 2018

La Ley del menor por Ian McEwan






Editorial: Anagrama
Nº Pág.: 216 pág.
Género: Narrativa
Primera edición: 2015







Acostumbrada a evaluar las vidas de los demás en sus encrucijadas más complejas, Fiona Maye se encuentra de golpe con que su propia existencia no arroja el saldo que desearía: su irreprochable trayectoria como jueza del Tribunal Superior especializada en derecho de familia ha ido arrinconando la idea de formar una propia, y su marido, Jack, acaba de pedirle educadamente que le permita tener, al borde de la sesentena, una primera y última aventura: una de nombre Melanie. Y al mismo tiempo que Jack se va de casa, incapaz de obtener la imposible aprobación que demandaba, a Fiona le encargan el caso de Adam Henry. Que es anormalmente maduro, y encendidamente sensible, y exhibe una belleza a juego con su mente, tan afilada como ingenua, tan preclara como romántica; pero que está, también, enfermo de leucemia. Y que, asumiendo las consecuencias últimas de la fe en que sus padres, testigos de Jehová, lo han criado, ha resuelto rechazar la transfusión que le salvaría la vida. Pero Adam aún no ha cumplido los dieciocho, y su futuro no está en sus manos, sino en las del tribunal que Fiona preside. Y Fiona lo visita en el hospital, y habla con él de poesía, y canta mientras el violín de Adam suena; luego vuelve al juzgado y decide, de acuerdo con la Ley del Menor.


Este libro (como la gran mayoría que llega a mi manos) fue un precioso regalo de alguien muy, muy querido para mí, y además, de alguien que me conoce a la perfección. Una de las grandes pasiones de mi vida es el Derecho, y por favor, permitidme que lo ponga en mayúsculas. Y este libro, por lo que se refiere a la parte que trata del Derecho, cumple ampliamente mis expectativas.

"Era pasión, no devoción, lo que le faltaba"


El libro nos introduce en la vida de la Jueza Fiona, y su situación sentimental respecto a su marido, que un día, de repente, le pide “permiso” para tener una aventura con una chica mucho más joven que él. Este hecho provoca interminables diálogos internos en la mente de Fiona, que desde mi opinión, son totalmente innecesarios. Me explico: es totalmente prescindible lo que suceda en el ámbito personal en la vida de la Jueza, porque no afecta en lo más mínimo en la decisión que toma respecto al menor. Además, tengo una pequeña crítica más: para la gente que no le gusta el Derecho encontrará el libro un pelín pesado cuando la Jueza repasa una abundante jurisprudencia, y en cambio, a mí me desespera cuando un autor describe en exceso cualquier pequeño detalle, cosa que otros lectores aprecian enormemente, y en algunos capítulos sucede en este libro.

"O empezamos a vivir de nuevo, a vivir de verdad, o renunciamos y aceptamos la desdicha desde ahora hasta el final"

Lo más importante del libro es la decisión que debe tomar Fiona respecto a un caso que llega a su Juzgado sobre el joven Adam, un adolescente, a punto de cumplir 18 años, enfermo de leucemia, criado en una familia de testigos de Jehová, que tanto él mismo como su familia no permiten que los médicos le realicen una transfusión de sangre. En ese momento, se abre ante Fiona el dilema: ¿respeta la decisión de Adam de morir, o en cambio, prevalecerá intentar que se cure en contra de su voluntad?

"Cuando usted vino a verme yo estaba realmente decidido a morir"

No os desvelaré la decisión final de Fiona, que ha de dictar sentencia rápidamente, pues el tiempo corre en contra de Adam. Solamente os comentaré que en un buen libro, igual que sucede en la vida real, cualquier decisión tiene consecuencias. 


¿Os habéis enterado que la Jueza Fiona está a punto de dictar una sentencia crucial? ¿No? Seguidme antes que las puertas de la sala se cierren. Es el momento. En pie, entra la Jueza a la sala.




Por Nynia





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