Madona con abrigo de piel por Sabahattin Ali


Título: Madona con abrigo de piel
Autor: Sabahattin Ali
Editorial: Salamandra
Nº Pág.: 224 pág.
Género: Ficción
Fecha de publicación original: 1943
Primera edición: enero 2018










Raif Efendi llega a Berlín en los años veinte, enviado por su padre para aprender los secretos del negocio familiar, la fabricación de jabones de tocador. Sin embargo, su espíritu soñador lo empuja hacia el arte y la literatura. Además de estudiar alemán y leer novelas rusas, se dedica a recorrer la ciudad, visitando museos y exposiciones, en pos de algo que lo apasione verdaderamente. Una tarde, tras quedarse absorto ante la contemplación del retrato de una mujer envuelta en un abrigo de piel, sabe que por fin ha encontrado lo que buscaba. Así, poco después, Raif conocerá a la autora del lienzo, Maria Puder, y su vida dará un vuelco para siempre.  
Novela de aprendizaje, con los inevitables desencuentros entre el deseo y la realidad, Madona con abrigo de piel plantea, asimismo, un fascinante diálogo entre Oriente y Occidente, entre la Ankara y el Berlín del período de entreguerras. La relación entre el joven inexperto y la artista consumada posee una fuerza muy particular, a la vez que suscita la esperanza de entendimiento y fusión entre dos mundos en apariencia irreconciliables.


He aquí un clásico de la literatura turca, publicado por primera vez en 1943, tercera novela de Sabahattin Ali -fallecido en 1948 de forma prematura- que ha sido rescatado después de ser censurado en su país en los años noventa. Desde entonces ha sido traducido a una decena de idiomas y vendido un millón de ejemplares. Como una reacción contra la represión en este país sus jóvenes manifiestan su resistencia con esta lectura, un movimiento al que me uno con mucho gusto, ya que tengo un pequeño gen de rebeldía, que en este caso se ha inclinado por este libro tan inusual en mi biblioteca.

Se trata de la historia de Raif Efendi, un hombre ya mayor que trabaja en una oficina traduciendo cartas del alemán al turco. Es ninguneado por todos en su trabajo, callado hasta el mutismo, da la impresión de ser un ser vacío que se limita a existir hasta que la vida decida finalizar. Es en este momento cuando llega nuestro narrador, un nuevo empleado que compartirá el despacho con Raif y que poco a poco consigue trabar amistad con su compañero, tarea harto difícil, después de darse cuenta que Raif es más que una cáscara, que tiene una vida interior que se vislumbra como rica y diversa.

No obstante, el ser humano, por alguna razón extraña, prefiere explorar sólo cuando intuye que va a encontrar algo. Siempre habrá un héroe despuesto a adentrarse en una gruta donde vive un dragón, pero ¿quién tiene el valor de bajar a un pozo sin saber qué hay en el fondo? En mi caso, conocer a Raif Efendi fue pura casualidad.

El autor utiliza una técnica poco habitual para contarnos la historia de Raif Efendi. Será este nuevo compañero de trabajo, cuyo nombre jamás sabremos, que a través de su relación, nos narrará los hechos, que pasarán a ser en primera persona en el momento en que Raif le deja leer un diario suyo, poco más que una liberta que narrará la historia de su juventud. Esta historia comienza con su viaje a Alemania, enviado por su padre para aprender los secretos de la fabricación de jabones. Pero Raif es un joven despreocupado, más bien soñador, que decide tomárselo con calma, aprendiendo alemán y pasando sus días leyendo a los clásicos rusos, paseando por las calles de la ciudad y visitando museos, galerías y exposiciones. Él mismo es consciente de que esa vida interior que lleva, que le da pudor compartir, es su propio mundo creado a su medida, su santuario. Podríamos definir pues a Raif Efendi como un joven retraído e introspectivo, tendente a la melancolía.

Siempre había temido que la amargura que me sobrevenía de vez en cuando y el hastío que sentía por la vida fueran síntomas de una enfermedad mental. Cuando me daba cuenta de que las dos horas que había pasado leyendo un libro me parecían más plenas e importantes que muchos años de mi vida, pensaba en el horrible vacío de la existencia humana y me hundía en la desesperación.

Pero todo eso cambia cuando conoce a Maria Puder, una pintora alemana, mujer de armas tomar, feminista de su época. Un ser bello encuadrado en la época de los años veinte, cuando se produjo el tan deseado fenómeno de la liberación de la mujer. Raif Efendi se queda encandilado por un autoretrato de Maria, hasta el punto de ir a verlo cada día y por coincidencia se la encuentra un día en la calle.

A partir de entonces se forjará una relación muy curiosa entre ambos. Basada en la amistad y cierto enamoramiento, ambos pasarán horas juntos de la mano, charlando e intercambiando ideas. Ella, una mujer sincera donde las haya, harta y decepcionada con los hombres, siempre le dejará claro que no le pida más de lo que ella quiera darle. Él, tímido y encandilado, accederá a todas sus peticiones con tal de tenerla cerca. En cierto modo se invierten los papeles, ella es una mujer con carácter de hombre, él es un hombre con alma de mujer. Ese detalle me ha encantado y hace toda la lectura más atractiva.

Pero esta historia de amistad, amor y lealtad se trunca cuando Raif tiene que volver a Turquía, antes de lo esperado. Pese a que desde un buen principio se sabe que Maria no está en la vida de Raif en su madurez es impredecible como el destino juega sus cartas. Esta historia de amor frustrada de nuestro protagonista es lo que le hace languidecer el resto de su vida. El desencanto lo invade y se convierte en quien es desde un buen principio, un hombre cáscara, aparentemente vacío por dentro y tan lleno a la vez. Un hombre solitario con una vida solitaria, viviendo en una casa llena de gente. Existiendo por existir. Viviendo por vivir.

La vida es una partida que sólo se juega una vez y yo he perdido. No puedo jugar una segunda...

Este libro me ha dejado en un estado de melancolía y cierta tristeza. Podría decir que en ocasiones me hubiera gustado sacudir a Raif Efendi, cantarle las cuarenta por ser a veces tan conformista. Pero ¿qué sabré yo? Cada persona es un mundo que hay que aceptar tal y como se nos presenta. Buena novela para reflexionar sobre ello:

Hasta el hombre más sencillo, miserable e incluso el más tonto del mundo posee un alma de una complejidad extraordinaria, capaz de dejarnos maravillados. ¿Por qué nos negamos a reconocerlo y suponemos que una criatura llamada ser humano es tan fácil de comprender y de juzgar?


Por Nitha

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